Chilkoot Trail, el camino de oro

Chilkoot Trail, el camino de oro

A mediados de agosto del año 1896 George Carmack, Skookum Jim y Tagish Charlie encontraron oro en el lecho de Bonanza Creek, un afluente del río Klondike, cerca de donde éste desemboca en el Yukón, en el noroeste de Canadá. A partir del descubrimiento, los mineros que había por la zona afluyeron al sitio y cuando un año más tarde regresaron a Seattle y San Francisco cargados con oro, desataron la gran Fiebre del Oro del Klondike.

Cuando millones de trabajadores americanos ganaban menos de cincuenta dólares al mes y un hombre podía vivir cómodamente con su familia con los intereses generados por veinte mil dólares en un banco, las fortunas que trajeron esos primeros mineros del Klondike hicieron brillar de esperanza los ojos de miles de personas que se lanzaron a la aventura del Norte. Según el Seattle Times, «los granjeros dejaban sus arados, los pasantes sus libros de contabilidad, los peones sus picos y palas, los gandules pedían más dinero, los padres se despedían de sus esposas e hijos, hombres ricos, hombres pobres y hombres de clase media se daban prisa hacia las estaciones de tren con un único objetivo: la gran Fiebre del Oro estaba en marcha».

De las 100.000 personas que marcharon hacia el Klondike, sólo 50.000 personas llegaron finalmente a Dawson. Sólo 4.000 encontraron oro y sólo 400 consiguieron inmensas fortunas.

En diez años se extrajeron 300 millones de dólares en oro, pero este dinero fue a parar a una ínfima minoría de los que habían empezado el viaje. Se calcula que unas 40.000 personas cruzaron el Chilkoot Pass, el único paso que se podía usar en invierno ya que, aunque cubierto de nieve, era practicable entre las montañas.

Más de ciento diez años después emulé a esos aventureros recorriendo el Chilkoot Trail en uno de los mejores trekkings de Norte América.

El autor en el inicio del Chilkoot Trail

El autor en el inicio del Chilkoot Trail

La Policía Montada del Canadá, previendo las necesidades que los mineros tendrían para sobrevivir el invierno, obligaba a todo el mundo que quisiera entrar en el Yukón a transportar una tonelada de equipaje entre comida, ropa, tienda, estufa, etc. El paso del Chilkoot se convirtió en un hormiguero de porteadores cargados con mochilas de treinta kilos recorriendo arriba y abajo la pendiente nevada de la montaña para transportar toda la carga hasta el cuello. La escena fue inmortalizada en la obra escrita de Jack London (que participó en la Fiebre) y en la película “La quimera del Oro” de Charles Chaplin, entre otras. Hoy el Canadá no obliga a entrar con esa cantidad de material, pero las mochilas para recorrer el camino siguen siendo pesadas porque, a falta de cabañas para poder dormir o comer en el camino, es necesario traer todo lo que hará falta para dormir y comer cómodamente: tienda de campaña, saco de dormir, hornillo de gas, utensilios de cocina, comida,…

La ruta del Chilkoot Trail empezaba en la ciudad de Skagway, al final del canal de Lynn, un estrecho fiordo del sureste de Alaska. Aquí surgió de la nada una ciudad fronteriza, de tiendas de tela y fachadas de madera que poco a poco se fue organizando para dar la bienvenida a los miles de expedicionarios que iban a remontar el paso del Chilkoot. Aquí podían los exploradores comprar el material necesario para entrar en el Yukón y podían saciar su sed en uno de los múltiples salones (había más bares que iglesias en el pueblo). En la actualidad la sección estadounidense y la sección canadiense del paso están protegidas por un Parque Nacional que es en realidad posiblemente el museo más largo del mundo. Durante los 53 kilómetros de su recorrido se pueden ir encontrando viejos materiales abandonados por los expedicionarios: sartenes rotas y carcomidas por la oxidación, viejos zapatos raídos por el tiempo, grandes poleas de las máquinas que poco a poco fueron apareciendo para relevar las espaldas de los hombres y facilitar el transporte de las mercancías,… Algunos puebluchos fueron surgiendo a lo largo del camino para dar servicio a los miles de hombres y mujeres que transitaron por los estrechos senderos, pero los restos de esas efímeras construcciones están ya cubiertas por una espesura de maleza. Algunas botellas de cerveza, una gran caldera y una puerta de tablones de madera que ha aguantado el paso de cien años todavía indican donde se había erigido uno de los salones de Sheep Camp, en medio de la ruta.

Las aguas de la montaña fluyendo hacia Bennet Lake, donde nace el río Yukón.

Las aguas de la montaña fluyendo hacia Bennet Lake, donde nace el río Yukón.

En las Golden Scales los mineros tenían que superar la empinada rampa de nieve y hielo que ha venido a representar en el imaginario colectivo las penalidades de esa larga marcha al interior de Canadá. El nombre (los escalones dorados) viene del negocio de un par de oportunistas que una noche de invierno excavaron a pico y pala toda una serie de escalones en el hielo y a la mañana siguiente se encontraban abajo cobrando peaje (en polvo de oro) por el uso de los escalones a los agradecidos porteadores que veían así facilitada su ascensión hasta el cuello de la montaña.

Un paso paralelo al Chilkoot fue el White Pass o Deadhorse Trail (el camino de los caballos muertos), apellidado así por las condiciones tan complicadas del camino que despeñaba las monturas o las mataba de cansancio. A los pocos años se empezó a construir un ferrocarril para llevar carga y personas hasta el lago Bennett, pero cuando se acabó de construir la Fiebre del Oro ya había terminado y nadie lo usó. El ferrocarril, con estupendas vistas de las montañas y uno de los recorridos más escénicos del mundo, se recuperó como tren turístico y hace las delicias de los pasajeros de los grandes cruceros que surcan las aguas del sureste de Alaska.

Una vez superado el paso del Chilkoot, los mineros construían una embarcación en Bennett Lake, donde nace el Yukón, y navegaban más de 600 km a lo largo del río hasta Dawson City. La mayoría de los expedicionarios no había navegado jamás, y algunos de los rápidos del Yukón, como los de Whitehorse, eran tan fuertes que las embarcaciones quedaban reducidas a astillas. La Policía Montada prohibió pasar por los rápidos y había que descargar el bote y transportarlo por tierra hasta superar el obstáculo. La ciudad que surgió al lado del río para dar servicio a los viajeros, Whitehorse, es hoy en día la capital de la provincia canadiense del Yukón, y una próspera ciudad de fachadas coloridas con imágenes de esa época dorada.

La mayoría de los aventureros llegaron a Dawson a mediados de 1897, un año después del descubrimiento. Todas las concesiones en los ríos ya estaban asignadas a los sourdough, los mineros veteranos que ya estaban cerca cuando se inició la Fiebre. Sin poder cumplir su sueño, los recién llegados sólo podían volver a sus casas, quedarse a trabajar en las minas como peones de los que habían llegado antes o trabajar en los negocios que empezaban a nacer en Dawson.

Una de las construcciones de los inicios de la ciudad de Dawson

Una de las construcciones de los inicios de la ciudad de Dawson

El éxito de Dawson City fue efímero. Pasó de una población de 40.000 habitantes en 1898, en pleno boom minero, a sólo 8.000 en 1899, cuando con el descubrimiento de oro en Nome la mayoría de los mineros sin concesión marcharon de la ciudad hacia la costa oeste de Alaska. Con los años, las minas se fueron agotando y aparecieron las grandes dragas de madera de las grandes compañías, que excavaban con mayor eficiencia las concesiones ya trabajadas a pico y pala. Éstas todavía hoy están presentes en el paisaje como testigo de una época pasada y alguna de ellas puede visitarse.

Actualmente, Dawson City acoge a más de 60.000 turistas al año atraídos por los restos de ese pasado dorado. Todavía quedan muchos de los edificios de madera de esa época y la ciudad conserva el aire de una población fronteriza típica del Far West. Y siguiendo el río Klondike arriba, en alguna concesión, todavía se puede probar suerte con la pala y la batea. Dicen que, de vez en cuando, algún turista todavía encuentra alguna pequeña pepita de oro.

 

TERRES del NORDEste recorrido forma parte del viaje que hice por Alaska y el Yukon y que está descrito en más detalle en el libro TERRES DEL NORD / TIERRAS DEL NORTE, publicado por Nova Casa Editorial.

 

 

 

 

Nacido en Barcelona en 1977, soy aventurero, escritor y fotógrafo especializado en viajes. Autor de los libros TIERRAS DEL NORTE y VIAJE AL BLANCO y más 150 artículos en diferentes revistas. También colaboro en varios programas de radio sobre viajes, realizo conferencias y soy reportero de viajes en NewsCat TV.

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