Desbravando la historia de la sexta flota

Desbravando la historia de la sexta flota

En Bcntb nos gusta descubrir ciudades, desbravar continentes pero, algunas veces, nos gusta pasear por nuestra ciudad: Barcelona. Barcelona es una urbe llena de historias y lugares para descubrir. Precisamente eso hicimos algunos de los socios de la mano de la App de Urban Explorer.

En un viernes, por la noche, nos encontramos a los pies de la estatua de Colón para explorar Las Ramblas y sus historias que siguen latentes del paso de la Sexta Flota Americana. Una flota de marines estadounidenses que, durante muchos años, desembarcaron en Barcelona en busca de diversión, mujeres y bebidas. Ellos llegaron a España en el mismo año que la Coca-cola, en 1951, y se fueron en el año 1980. A Barcelona trajeron chocolate, chicles, encendedores, vaqueros y, como no, muchos dólares.

App en mano, empezamos nuestro paseo en el Moll de las Drassanes, delante de un pequeño monumento en homenaje a los marines que murieron en el puerto de Barcelona en una noche trágica. Seguimos por Las Ramblas en dirección al Restaurante Amaya, dónde fuimos recibidos por los dueños. Allá nos quedamos muchas horas escuchando las historias de la sexta flota, de las ramblas y degustando deliciosas croquetas. Por el restaurante Amaya pasaron muchos marines en busca de platos combinados a 1 dólar, como “fisch and chips” o “steak and eggs”.

El bar Cosmos, que está en la plaza del teatro, también formaba parte de la ruta de los marines. Allá iban a comer y a beber. En las dependencias de este bar un señor enseñaba inglés a las prostitutas para que pudiesen comunicarse con los clientes americanos. Lo más curioso de este bar son los taburetes. Todos fijos en el suelo para que los marines no los tirasen durante las peleas.

Seguimos para la calle Escudellers donde se encuentran varios de los bares frecuentados por los marines: el antiguo New York, Grill Room, Los Caracoles y el bar Tequila. Nos hemos paseado por esta calle siguiendo las pistas de los marines e imaginando lo mucho que liaban por allá. En la App de Urban Explores leemos que los marines tenían su propia policía y que cuando uno se pasaba los llevaban de vuelta a los barcos.

Entramos por la Plaza Reial en busca de más huellas de la Sexta Flota. Las encontramos en los bares El Tobogán, Sidecar y Jamborre Jazz. Entramos en Sidecar para tomar una copa. Los camareros nos cuentan que algunas veces señores se acerca a la barra y dicen que eran de la Sexta Flota. Otros vienen con sus hijos y enseñan el Sidecar con nostalgia y explican todo que han vivido allá en sus tiempos de Sexta Flota. En la app leemos que el Sidecar se llamaba Bar Texas, donde realizaban sus fiestas privadas. Nuestra copa se acaba y seguimos en busca de más huella.

Ahora nos vamos al Bar Kentucky. Coincidentemente, este era el único bar que no cambió su nombre para agradar a los nuevos clientes. Ya se llamaba así antes de la llegada de la Sexta Flota. En la barra encontramos con Nieves y Eva, la tercera generación al mando del bar. Nos cuentan que en el Kentucky los marines se montaban fiestas espectaculares, con seguridad propia, mucha comida, bebida y compañías femeninas. El bar sigue igual que cuando fue abierto por Antonio y Antonia en 1947. No hay nada mejor como sorprenderse con la decoración atemporal y cargada de recuerdo. Bueno, una copa más se acaba y muchas historias fueran guardadas en la memoria. A nosotros nos toca volver a casa por Las Ramblas llena de guiris en busca de fiesta. La historia vuelve a se repetir pero ahora con nuevos personajes.

¿Quieres saber más sobre la Ruta de La Sexta Flota? Te invitamos a conocer la app Urban Explore donde puedes disfrutar de la ruta y de toda la información sobre ella.

 

Soy una enamorada de Barcelona, del verano y de la historia. Autora del blog Sol de Barcelona – www.soldebarcelona.es.

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One Comment

  1. May 25, 2017

    Me ha gustado pasear por tu texto por esa ruta de Barcelona que ya tenía olvidada. En mi época de universitaria, final del franquismo, bajábamos muchas veces a Las Ramblas para ver ese ambiente. Había comprado Jeans a los americanos y sabíamos donde estaban los “moublets” donde subían con chicas de alterne. No teníamos un euro (entonces pesetas ), pero nos reíamos mucho. La poloicía militar de ellos los vigilaba y se llevaba a los que se pasaban. Buen relato. Gracias.

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