Viajar a Grecia, sentir la mediterraneidad.

Viajar a Grecia, sentir la mediterraneidad.

Viajar a Grecia esta Semana Santa ha sido un descubrimiento personal. Ha sido un deseo de mucho tiempo cumplido. Ha significado, como casi cada vez que viajo, romper con muchos de los estereotipos que nos venden en los medios. He encontrado un destino que me ha sorprendido y lo he hecho en tres etapas muy diferenciadas: Salónica, Atenas y Rodas. Hoy te sirvo un aperitivo de un destino sin igual.

El Egeo se abre tranquilo frente a Salónica

El Egeo se abre tranquilo frente a Salónica

Salónica, la energía joven que hace latir al país.

La segunda ciudad más poblada del país es un punto neurálgico que emana historia, batallas, conquistas y cultura, mucha cultura. Sus calles se animan con el paso incesante de estudiantes y turistas. Su cara más amable la muestra un paseo marítimo, eso sí, con algún guiño al turismo más mediocre y al touristrap del que todos queremos escapar. Por suerte la ciudad no es grande, se llega andando a todas partes y deja que olvides pronto sus trampas.

Callejeando por las partes menos recomendadas (no por peligrosas, sino por desconocidas), descubrirás las propuestas más originales y únicas, incluso más que en la propia capital. Y hablamos de propuestas tan apetitosas como su rica gastronomía, así como de descabellados hallazgos en un mercado de pulgas con fascinante mobiliario art decó a la venta. Un mercado de pulgas, por cierto, que se convierte en zona de bares por la noche.

La subida a la zona amurallada, imprescindible en Salónica

La subida a la zona amurallada, imprescindible en Salónica

Ruinas clásicas y contemporáneas en Atenas

Ruinas clásicas y contemporáneas en Atenas

Atenas, una anárquica capital

Viajar a la capital de Grecia significa romper con una imagen que la crisis económica más feroz ha generado en nuestras mentes. Si bien es cierto que la brecha existe y está presente en muchos aspectos, la ciudad enseña también otra realidad, que es la de sus ciudadanos, su día a día, y la fuerza de la capital de un país que se levanta sobre el esfuerzo de sus ciudadanos. Atenas se muestra como la capital mediterránea que no duerme y que quiere darte la bienvenida. Abierta 24 horas, espera el momento idóneo para hacer mella en ti y hacer que desees repetir un paseo por Plaka, Psirri o Monastiraki.

Te sorprenderán sus 30 siglos de historia, de los que el omnipresente Partenón da buena fe (al menos de los últimos 25). Te llenará de curiosidad descubrir cada uno de los mitos que cuentan sus frisos, sus columnas. Hará que quieras recorrer cada una de las colinas que dan acceso a la Acrópolis más reconocida de la historia tan solo con haber pasado un rato en el Museo de la Acrópolis. Y precisamente este edificio, el museo, es una avanzadilla de las pretensiones de la Grecia más contemporánea que busca y demanda su lugar, siendo anfitriona por primera vez este 2017 del evento por antonomasia de la cultura contemporánea, Documenta (14).

Atenas, en su anárquico urbanismo, te recordará en el mismo momento que te tengas que ir, que te lo estás perdiendo todo. Subirás en un avión o un barco, mirarás atrás y comprenderás que te queda todo por entender. Atenas, y con ella Grecia, es prisionera de una realidad que le es injusta y muy poco merecida.

Viajar a Grecia es navegar por su historia

Viajar a Grecia es navegar por su historia

Rodas, la quietud del Mediterráneo

No se puede decir que has ido a Grecia si no has viajado a una de las islas griegas. Parece una obviedad, pero Grecia se debe a sus islas, y sus islas a Grecia. La dispersión de sus archipiélagos condiciona mucho de los ritmos y tempos, pero sirve de refugio a turistas y locales que escapan del acelerado ritmo de sus capitales. El Dodecaneso, el archipiélago donde se encuentra mi isla de sosiego previo a la vuelta a la rutina, es el límite entre lo etiquetado como Oriente y Occidente. Hablar de conflictos y refugiados en las islas es cualquier cosa menos tabú. Oír las historias que quedan por contar, una cruel muestra de lo mal que lo estamos haciendo como humanidad.

Y en la reflexión, Rodas te detendrá el tiempo para que puedas entender la necesidad de una pausa en el camino. Lo hará a través de sus playas de ensueño, pero también de sus habitantes tan abiertos y dispuestos a enseñarte lo mejor de la isla y de su cultura. Un pueblo agradecido de tu visita y que no quiere otra cosa que tu mejor experiencia.

Grecia quiere que vuelva, me lo ha dicho, y le he querido escuchar.

Rodas esconde rincones para no olvidar

Rodas esconde rincones para no olvidar

David López (@D_LopezAlvarez) es el fundador del blog de viajes De Pronto A Bordo. Basado en Barcelona pero a menudo por Berlín. Ha estudiado diseño gráfico y de interiores, pero se ha redifinido rápido como trotamundos. A punto de visitar su país número 30, tras haber vivido en 5 países europeos. Es miembro de bcnTB desde Enero de 2016 y participa activamente en diferentes departamentos de la asociación.

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One Comment

  1. Abr 26, 2017

    ¡¡¡Quiero Salónica ….quiero sentir esa energía que hace latir el país como tú dices !!! La foto del Egeo tranquilo me gusta mucho.
    ¡Quiero pasear por Plaka, Psirri y Monastiraki! ¡ Quiero ver esas ruinas de la Acrópolis que tantas veces vi en las imágenes de los libros de arte en la época de estudiante!
    ¡Quiero visitar estas islas que te acogen cariñosamente!
    Si Grecia te ha dicho que vuelvas, seguro que volverás.

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