EN LERMA, UN PASEO CON ZORRILLA

Habíamos salido temprano de Burgos después de tomar un desayuno con sobao y un buen café largo. Tomamos rumbo hacia el sur por esas carreteras burgalesas que circulan entre campos de cereal y colinas suaves.
Y aunque ya habíamos visitado otros rincones de Las Merindades en el norte, la escapada de ese día tenía un sabor distinto: Lerma era nuestro objetivo.
Volver a Lerma después de tantos años fue como abrir un libro antiguo y encontrar entre sus páginas una flor seca, de esas que tantas veces ponía a secar en mi adolescencia.
A medida que te acercas, Lerma impone. Desde lejos ya se adivina la silueta del Palacio Ducal, que parece dominar la llanura como un señor antiguo.
Aparcamos cerca del Arco de la Cárcel, una de las puertas originales de la muralla, y el mejor sitio para aparcar.
PLAZA MAYOR Y PALACIO DUCAL
Desde allí caminamos sin prisa hacia el corazón del pueblo: la descomunal Plaza Mayor, una de las más grandes de España en su época. Fue diseñada como escenario del poder absoluto del Duque de Lerma, valido del rey Felipe III y uno de los personajes más controvertidos del Siglo de Oro. Lo curioso es que este duque fue más astuto que sabio, y más ambicioso que piadoso, pero logró que todo el pueblo respirara grandeza.
No visitamos el Palacio Ducal, que hoy es un Parador Nacional. Ni visitamos iglesias y conventos que ya conocíamos de una visita anterior hace muchos años. Fuimos hacia el Paseo de Zorilla.
EL PASEO DE ZORRILLA
Lo había descubierto por casualidad leyendo un artículo del “Diario de Teruel”, en una tarde cualquiera.
José Zorrilla, el poeta y dramaturgo español autor de ‘Don Juan Tenorio’caminó muchas veces por calles burgalesas, en Lerma. Su padre fue gobernador durante unos años, y el joven Zorrilla pasó en la villa ducal temporadas que lo marcaron profundamente. De hecho, más allá de los monumentos, hay un rincón especial que lleva su nombre: el Paseo de Zorrilla, un mirador que se asoma al valle del Arlanza, sereno y extenso. Dicen que allí, entre el rumor de los chopos y el vuelo de las aves, el poeta se inspiró.
Y no me cuesta imaginarlo. Yo misma me senté en uno de los bancos de piedra del Paseo y sentí ese impulso de escribir, de detener el tiempo.
Luego busqué entre los poemas allí escritos y me detuve ante uno cortito:
A la Estudiantina Burgalesa
(José Zorrilla)
Cuando a mi casa llegáis,
estudiantina querida,
vuelve a sonreír la vida
que se va cuando os vais.
Sois, con vuestras melodías,
cual sol de marzo risueño,
que alegra al viejo su sueño
y al niño sus alegrías.
Allí estaba ese homenaje que dedicó a la Estudiantina Burgalesa, tan breve y tan lleno de luz. Lo leí en voz baja, y enseguida pensé en la Rondalla Puiggraciós donde toca Joseph, mi Jubileto. Y pensé en las guitarras, en las bandurrias, los laudes y la mandolina que suenan con ese timbre alegre que parece sacudir hasta los más dormidos.
Porque desde hace muchos años, esa música de rondalla forma parte de mi vida. Y sé lo que ocurre cuando suenan las guitarras, las bandurrias, cuando las notas se alzan entre cuerdas y compases. He visto cómo esa música tan nuestra, tan cercana, enciende sonrisas, calma nostalgias, y hasta espanta las penas que uno no sabía que tenía.
ZORRILLA LO SABÍA TAMBIÉN, POR ESO ESCRIBIÓ EL POEMA
Mientras caminaba por el Paseo de Zorrilla, me di cuenta de que ese poema no hablaba solo de la estudiantina de su época. Hablaba también de nosotros. De quienes encontramos, en las cuerdas de un instrumento tocado con cariño, una ilusión, un consuelo, una esperanza, una sonrisa.
PARA QUIEN LLEGUE POR PRIMERA VEZ A LERMA
Aunque esta vez mi paso por Lerma fue más íntimo y poético, no puedo dejar de mencionar algunos lugares que todo viajero debería conocer si visita esta villa por primera vez.
- Arco de la Cárcel – entrada principal al casco antiguo.
- Plaza Mayor – monumental, centro de la vida de la villa.
- Palacio Ducal (Parador Nacional) – se puede visitar parcialmente.
- Colegiata de San Pedro – iglesia barroca impresionante.
- Paseo de Zorrilla – mirador con historia y vistas.
- Convento de San Blas – taller artesanal.
- Monasterio de Santa Teresa – aún en uso, con visitas ocasionales.
- Tumba del Cura Merino –
- Pasadizos y calles medievales – perfectos para perderse sin prisa.
Ya los conocía, por eso esta vez preferí caminar más despacio, seguir la voz de un poema y dejar que una melodía interna me guiara. Mucha información en Turismo Arlanza
Por la tarde volvimos al Paseo. Me imaginé al joven Zorrilla, escapando de la rigidez de su padre, soñando con versos de amor y muerte, con donjuanes y fantasmas.
Si alguna vez visitas Lerma, no pases de largo este pequeño paseo entre sombras de cipreses y versos inmortales. A veces, los viajes más hondos no se hacen por carretera… sino por las palabras que nos tocan por dentro.








