Entrevista a Domi Melero y Montse Caldas del blog “Destino y Maleta”

Domi y Montse, de espaldas y a la izquierda de la imagen, contemplan el imponente paisaje del Salar de Piedras Rojas, en el altiplano chileno, con sus formaciones rojizas, lagunas y cielo despejado en una fotografía espectacular de Destino y Maleta.

Este 2026 damos la bienvenida a Destino y Maleta, el blog de viajes de Domi Melero y Montse Caldas, que se incorpora a la comunidad de Barcelona Travel Bloggers con una mirada crítica, honesta y profundamente consciente del viaje.

En su proyecto comparten experiencias reales, guías prácticas y reflexiones en profundidad sobre cómo viajar de forma responsable, planificada y con contexto, incluso cuando el tiempo y las vacaciones son limitadas.

¿Queréis conocerlos un poco más? A continuación responden a nuestras preguntas y nos acercan a su filosofía viajera.

¿Qué nos decís sobre “Destino y Maleta”?

Domi: Destino y Maleta es un blog de viajes sencillo, honesto y pensado para contar experiencias reales. Sin postureo, sino compartiendo cosas que de verdad sirven y que hacen que un viaje tenga sentido. 

Montse: Yo pienso en Destino y Maleta como el blog de viajes que me habría gustado leer. Cuando me pongo a escribir, no lo hago pensando en un viajero idealizado, sino en alguien muy concreto: personas como nosotros, con trabajo, responsabilidades, un calendario laboral más o menos estricto y el eterno Tetris de los días de vacaciones. En poco más de ocho meses de vida, el proyecto ha ido evolucionando de forma bastante natural.

Lo que empezó como una gran guía de Rapa Nui, creada a partir de mucha información de primera mano y de conversaciones con personas autóctonas, se ha convertido en algo más amplio: un espacio donde volcar aprendizajes, experiencias y una forma muy consciente de preparar, vivir y entender los viajes.

¿Qué tipo de viajeros sois? ¿Cómo os definiríais?

D: Diría que soy un viajero bastante cómodo. Me gusta moverme bien, dormir bien… pero también disfruto mucho conocer la cultura local, probar su comida y entender cómo vive la gente. No necesito aventuras extremas, solo que el viaje tenga algo auténtico.

M: Pues yo creo que aquello que me define es que pongo mucha atención en que todo lo que contratamos (alojamientos, restaurantes, agencias o actividades) sea responsable con las personas, el entorno y la economía local. Sé que Domi está conmigo en esto, y nos importa mucho saber a dónde va nuestro dinero. Por eso a veces puedo parecer un poco “la loca de la planificación”, pero para mí tiene todo el sentido del mundo: tener información y control me da la libertad de saltarme mis propias reglas sin estrés. Puede parecer contradictorio, pero gracias a planificar tengo mucho más margen de maniobra para improvisar. Siempre hay quien me critica por ser tan planificadora… ¡aunque luego bien que me piden mis mapas de MyMaps! 😂​

¿Cuáles son vuestros criterios para elegir el próximo destino?

D: La verdad es que no tengo un criterio fijo. Depende mucho del momento, de las fechas que tenga y de cómo me pille a nivel personal. Pero sí que hay algo que se repite: siempre me tira descubrir culturas nuevas y sitios que me aporten algo diferente. 

M: Una de nuestras líneas claras es intentar deslocalizar el turismo: no nos dejamos llevar por modas y huimos de todo aquello que, en un momento dado, está súper en auge. Supongo que tiene que ver con que siempre he sido un poco alma de contradicción (como me dicen en casa desde siempre), pero en general viajamos muy “a la nuestra”: por gustos, por impulsos y por sensaciones, más que por lo que toca o lo que está de moda. Eso sí, como marketera que soy, tengo claro que muchas veces el viaje empieza incluso sin que te des cuenta: una imagen que ves en el metro, algo que escuchas en la radio o un reportaje que te llama la atención. A partir de ahí, ya decides tú si seguir el camino marcado… o ponerte a investigar el tuyo propio.

Río Usumacinta, frontera natural entre México y Guatemala, junto a la Zona Arqueológica de Yaxchilán, en la selva Lacandona.

Un imprescindible en vuestra maleta a la hora de viajar…

D: La verdad es que, si hay algo que nunca falta en mi maleta, es el botiquín. Siempre, en cada viaje hay algún día tonto: dolor de cabeza, de barriga, malestar por el cambio de clima o simplemente porque el cuerpo decide protestar. Y cuando estás lejos de casa, tener a mano lo básico te salva el día… o las vacaciones por completo. No ocupa nada y evita dramas innecesarios. Es nuestro pequeño seguro de viaje.

M: Soy la señora complementos. Por muy rebuscado que sea lo que necesitas, tú pregúntame, que quizás, llevo 😅 Desde un cable con pinzas para tender ropa hasta un cubierto multiusos con sacacorchos. No es tanto por obsesión, sino porque hago la maleta con mucha planificación y pensando en mil escenarios distintos. Supongo que es deformación profesional: estudié experiencia de cliente y, al final, aplico lo mismo a los viajes. Me gusta anticiparme a las pequeñas incomodidades para que, una vez allí, todo fluya mejor y podamos disfrutar sin sobresaltos.

¿Cuál ha sido el lugar que más os ha sorprendido? ¿Por qué?

D: Sinceramente no puedo quedarme solo con un lugar. Te diría dos. Valparaíso me sorprendió muchísimo: todo el mundo nos metió miedo con la inseguridad y al final fue un día tranquilo, lleno de color, murales por todas partes y ese caos bonito que te atrapa sin que te des cuenta. Es una ciudad que parece desordenada, pero tiene una energía que engancha. Y luego Punta Arenas… es otro mundo. Tiene ese aire de “fin del mundo”, el viento que te mueve, las casas bajas, la forma de vivir tan distinta… es un sitio que te hace sentir que estás en un lugar único. Es de esos lugares que tienes que ver para entenderlos. 

M: Más que sorprenderme, hay lugares que me han fascinado profundamente. No tanto por lo inesperado, sino por lo que te hacen sentir en el momento justo: los colores casi irreales del salar de Piedras Rojas, en San Pedro de Atacama; tomarnos un cóctel en el terrado de un bar clandestino en Guanajuato; llegar en barca por el río Usumacinta a la selva Lacandona y sentirnos un poco Indiana Jones al descubrir ciudades mayas escondidas entre las ramas; llevar casi 24 horas sin dormir y que, tras una curva en un camino aparentemente anodino, aparezca Abu Simbel con toda su magnitud; o visitar el mausoleo de Ho Chi Minh en Hanoi, con toda la parafernalia y el ambiente que lo rodea, y darte cuenta de que es clavadito a la momia de Lenin (y que eso, además, tiene una explicación).

Puff… Y se me ocurren doscientas más. Son lugares que no solo ves: los sientes. Y por eso se quedan contigo.

Murales de Valparaíso (Chile): Domi y Montse recorren sus cerros cámara en mano, capturando el arte urbano que define la identidad visual y cultural de la ciudad, donde incluso existen rutas señalizadas para descubrir los murales más emblemáticos.

Contadnos alguna anécdota que os haya pasado en uno de vuestros viajes

D: Una de las anécdotas que más recuerdo fue en Machu Picchu. Llegamos a las faldas del sitio con un tiempo horrible, lloviendo y sin ver nada. Hicimos la visita obligatoria con la guía entre la niebla, sin expectativas… y justo cuando ya no dábamos un duro, salió el sol y pudimos recorrer todo el complejo por libre, con unas vistas increíbles. Fue como pasar de la decepción total al momento perfecto en cuestión de horas. 

M: Ay, el Machu Picchu… Además de esto de subir diluviando y que arriba escampara casi de forma milagrosa, nos equivocamos de montaña y compramos la entrada para Machu Picchu en lugar de para Huayna Picchu. Yo me eché a llorar de pena y nuestra guía, una señora quechua maravillosa, me dijo algo que se convirtió en mi leitmotiv viajero desde 2017: “La Pachamama no ha querido que subieras al Huayna Picchu. Abraza las decisiones de la Pachamama”. Y bueno… no nos ha ido nada mal desde entonces acogiéndonos a esta premisa.

Un libro o película que inspire para viajar

D: The Secret Life of Walter Mitty porque tiene ese punto de “venga, deja de pensarlo y hazlo”.

M: Leo mucho y también me interesa mucho el cine como forma de entender los lugares. No siempre los libros o las películas que más inspiran a viajar son los que idealizan los destinos. Para cualquiera que piense en viajar a Chile, recomendaría leer Calle Londres 38, porque te sitúa en su memoria histórica y te invita a viajar con más conciencia. En cuanto al cine, el latinoamericano de los años 2000 (brasileño, argentino, paraguayo…) me ha inspirado mucho a viajar: no tanto por los lugares, sino por la forma en que te enseña a mirar los países desde dentro.

The Secret Life of Walter Mitty: si tienes un mal día o has dejado de creer un poco en la humanidad, esta película te lo arregla en algo menos de dos horas. Imagen: fotograma del tráiler oficial de The Secret Life of Walter Mitty (2013), distribuida por 20th Century Fox.

La pregunta más difícil: ¿qué es lo que menos os gusta de viajar?

D: Lo que menos me gusta de viajar es la gente, tal cual. La masificación, los sitios llenos, las colas, el ruido… me agobia bastante. Me gusta viajar, pero no sentir que estoy en un parque temático. 

M: Viajar me genera muchas contradicciones internas. Soy consciente de que, como viajera, formo parte del problema: de la masificación, del impacto que tiene el turismo y también de un privilegio que no es tan común como a veces parece. Cuando lees y consumes constantemente contenidos de viajes, acabas normalizando la idea de irte a la otra punta del mundo, cuando en realidad hay mucha gente que ni siquiera sale de su ciudad en toda su vida. Eso es lo que menos me gusta de viajar: olvidar fácilmente ese contexto. Por eso intento viajar de una manera respetuosa y siendo muy consciente del lugar que ocupo.

Si pudierais elegir un destino para retiraros: ¿cuál sería?

D: La verdad es que todavía no lo tengo claro. Creo que ese lugar aún está por llegar. Pero me imagino algo tranquilo, con buen clima y un ritmo de vida pausado… un sitio donde simplemente apetezca estar. 

M: Desde hace muchísimos años digo que Fuerteventura, con un huertito y mis cabritas para hacer queso majorero. Pero Domi dice que me aburriría… Quién sabe, quizá algún día lo descubramos.

¿Cómo os veis a vosotros mismos y a vuestro blog en 5 años?

D: Nos veo siguiendo el mismo camino que ahora, creando contenido con cariño, aprendiendo de cada viaje y conectando con gente del sector que comparte nuestra manera tranquila y honesta de contar las cosas; creciendo poco a poco, sin prisas, pero con la sensación de que cada texto, cada foto y cada conversación nos ayuda a construir un proyecto más sólido, más humano y más nuestro.

M: Llevamos tan poco tiempo que todo lo que diga ahora está más basado en ilusiones que en posibles realidades. Aun así, hace unos días me escribió una chica por privado en Instagram para decirme que, “por nuestra culpa”, se iba a la selva del Amazonas. Y supongo que eso es, en el fondo, a lo que aspiro: a que otras personas utilicen todo lo que nosotros planificamos como base para construir su propio viaje, pero siempre desde una mirada consciente y responsable.

Y, puestos a pedir, me gustaría que pudiéramos colaborar con marcas alineadas con nuestros principios y, especialmente, poder trabajar de la mano de territorios como Canarias. Ahí creo que mi formación y experiencia profesional pueden aportar valor: aplicar todo lo aprendido en experiencia de cliente y planificación para mejorar la forma en que se visita un destino, poniendo en el centro lo autóctono, los proyectos locales y la calidad del viaje por encima de la cantidad.

Y, ¿qué le diríais a alguien que disfruta viajando y está pensando en abrir su propio blog?

D: A quien quiera abrir un blog de viajes le diría que lo haga sin miedo. Que no busque la perfección desde el primer día. Un blog se construye viajando y con sinceridad. 

M: Ahora vengo yo a dar el golpe de realidad: a quien esté pensando en abrir un blog de viajes le diría que sea muy consciente de todo el trabajo que conlleva. Detrás hay meses de aprendizaje técnico (arquitectura de la información, UX/UI, hosting, dominios, diseño, protección de datos) incluso antes de haber empezado siquiera a escribir. Yo me pasé casi dos meses dedicándole muchísimas horas al día, montándolo todo desde cero y rehaciendo cosas constantemente a medida que aprendía. Siempre puedes contratar a alguien para que lo haga, pero hacerlo tú misma tiene algo muy épico y muy formativo, y es un paso que aconsejaría no saltarse.

También hay que asumir que dedicarte a esto, aunque sea de forma medio amateur, es una montaña rusa: hacer testing y ver qué funciona y qué no, sin desesperarte si al principio las cosas no salen como esperas, en un sector que (además) está muy saturado. Al final, lo importante es encontrar tu hueco y, sobre todo, apostar por contenido de calidad y tener claro qué es lo que te hace diferente.

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